2. La doncella del Alfa
La noche había caído por completo y las antorchas iluminaban su figura imponente que se acercaba a ella, sus hombros anchos y aquellos ojos verdes parecían ver a través de ella.
La manada se mantenía a una distancia respetuosa, pero todos observaban la llegada del Alfa.
Zoe permanecía de pie con el rostro sereno, aunque el dolor le apretaba el pecho. Cuando Eryx se detuvo frente a ella, inclinó la cabeza en señal de respeto.
—Zoe —comenzó él con voz grave y profunda, que resonó en el silencio—.