115. Son mis hijos
Eryx apretó más a Lana contra su pecho, como si temiera que el viento pudiera volver a arrebatársela.
Su respiración seguía irregular, pero no la soltaba ni por un segundo.
Eryx inclinó el rostro hacia Lana.
Su piel estaba fría, su respiración superficial, sus pestañas húmedas por el llanto que no había terminado.
Ella se veía tan frágil como nunca la había visto y eso lo destruyó.
Giró la cabeza lentamente hacia Laura, a quien dos lobos mantenían inmovilizada contra el auto.
Quería matar a esa