Bastián.-
Elegí madrugar para llegar a mi oficina y limpiar yo mismo el desastre que Elizabeth y yo habíamos causado la noche anterior, me quedé viendo el estante de vidrio donde reposaba la corona. La almohadilla azul ahora estaba vacía, sonreí con satisfacción, debía hablar con Bella para que acelerara la creación de la próxima corona para el certamen.
Me giré cuando escuché a Zeus gruñir como loco con uno de mis cojines en su hocico, parecía un desquiciado, mis intentos por hacerlo un perro