Sofía llegó al club más temprano de lo habitual.
Afuera, el letrero de neón del Club Mirage parpadeaba débilmente en el aire del atardecer. El lugar aún no cobraba vida del todo, pero estaba en proceso. El personal ya entraba y salía del edificio, los repartidores descargaban mercancía y un hilo de música retumbaba desde el interior.
Al cruzar la entrada de empleados, el olor familiar a alcohol, perfume y productos de limpieza la envolvió de inmediato. Sus tacones chasqueaban suavemente contra