La puerta principal se abrió con un crujido sordo. Jasmine entró al apartamento, cerrando la puerta tras de sí con el talón mientras hacía malabares con su bolso y su teléfono. Tenía el cabello desordenado tras la larga noche y el tenue aroma a una colonia cara aún se aferraba a su piel.
Se quedó helada al ver a Sofía sentada en el sofá con su ridículo pijama de Minnie Mouse, con las piernas encogidas y un tazón de avena en el regazo. El televisor estaba encendido, pero en silencio.
La luz del