Los guardias de seguridad empujaron las pesadas puertas de cristal del Club Mirage, haciéndose a un lado para que Scott y su invitado pudieran entrar.
—Bienvenido —dijo Scott con una ligera sonrisa, señalando hacia el interior—. Espero que el lugar sea de tu agrado.
Dante entró lentamente, recorriendo con la mirada el amplio y resplandeciente espacio. Incluso a esa hora, el club desbordaba vida. La música pulsaba en el aire y el bajo vibraba en el suelo como un latido constante. Luces de colore