Dante se encontraba en el aeropuerto pasada la medianoche. El vuelo había sido largo y agotador; estaba exhausto, pero lo último que quería era llegar solo a la suite de su hotel.
No quería sentarse en ese espacio vacío con sus pensamientos arrastrándose sobre él, recordándole todo lo que intentaba ignorar.
Scott ya había organizado que un coche y un conductor lo recogieran. Ese sería su chofer durante toda su estancia en Nueva York. No recordaba haberle preguntado su nombre, pero supuso que no