El club empezaba a cobrar vida poco a poco, pero Sofía aún sentía el rastro del caos flotando en el aire como humo.
Se quedó detrás de la barra unos segundos, con los dedos apoyados sobre el metal frío, intentando sacudirse la tensión del pecho. Los guardias de seguridad seguían afuera lidiando con Denzel y sus amigos borrachos. Podía oír sus voces retumbando por el pasillo, el roce de zapatos contra el concreto, las últimas amenazas y advertencias.
Luego la puerta del club se cerró de golpe.
Y