Sophia se vistió lentamente esa mañana, moviéndose por el pequeño dormitorio con una calma silenciosa que no coincidía con la pesadez en su pecho. Dobló su ropa de trabajo ordenadamente en su bolso. Cerró la cremallera del bolso, miró la hora; apenas pasaban las diez.
Todavía le quedaban más de seis horas antes de su turno en el Club Mirage.
Normalmente se habría quedado en casa, limpiado un poco, tal vez visto algo en su teléfono hasta que fuera hora de irse. Pero no hoy. El apartamento se sen