Sophia se vistió lentamente esa mañana, moviéndose por el pequeño dormitorio con una calma silenciosa que no coincidía con la pesadez en su pecho. Dobló su ropa de trabajo ordenadamente en su bolso. Cerró la cremallera del bolso, miró la hora; apenas pasaban las diez.
Todavía le quedaban más de seis horas antes de su turno en el Club Mirage.
Normalmente se habría quedado en casa, limpiado un poco, tal vez visto algo en su teléfono hasta que fuera hora de irse. Pero no hoy. El apartamento se sentía tenso después de todo lo que había pasado antes, la discusión con Jasmine, la incómoda tensión que aún se aferraba al aire.
Sophia necesitaba espacio.
Tomó su bolso, cerró la puerta en silencio y salió a la brillante mañana neoyorquina.
La biblioteca pública no estaba lejos, solo a dos cuadras de su apartamento. Un edificio alto y antiguo con amplios escalones de piedra y grandes ventanas que siempre la hacían sentir como si estuviera entrando en otro mundo. Un mundo más tranquilo.
Sophia to