La mansión estaba en silencio. El eco de la cena, la tensión, la ira, todo persistía en la mente de Dante mientras entraba en la sala de estar vacía. El candelabro de arriba arrojaba pálidos reflejos sobre los pisos pulidos, pero el espacio se sentía frío, distante. Naya se había ido. ¿Y su padre? Andriano se había retirado a su estudio hacía mucho tiempo, dejando a Dante con un vacío persistente que no podía sacudirse.
Caminó por la casa, buscando a su amigo. Llegó al salón de arriba, empujó l