Cap. 97: La última jugada de Natalia.
El auto se detuvo frente al complejo rodeado de pinos, un rincón silencioso que parecía ajeno al resto del mundo. No había rótulos luminosos. Solo un cartel de madera, sencillo y firme, anunciaba: Centro de Rehabilitación Emocional y Autoconocimiento Monteverde.
Lisandro apagó el motor y permaneció un instante inmóvil, con los dedos aferrados al volante. Respiró hondo, no porque tuviera prisa por entrar, sino porque había olvidado cómo se respiraba cuando nadie lo observaba. La quietud del bosq