Cap. 98: Ya no quiero que se casen.
Natalia ladeó la cabeza, trágica y comprensiva a la vez.
—Cuando los adultos se casan, a veces los hijos… pasan a segundo plano. No lo hacen a propósito, pero ocurre. La vida cambia. Ya no hay tanto tiempo para jugar, para escuchar, para acompañarte.
Teo sintió un pinchazo en la garganta. Era un niño genial, sí. Pero seguía siendo niño. Y ese comentario removió un miedo que él jamás admitiría en voz alta.
—Mamá nunca me dejaría de lado —respondió con firmeza, aunque su voz tembló un poco.
—Clar