Cap. 95: Renuncia y maquinaciones.
El salón de juntas estaba en completo silencio.
Las luces frías colgaban sobre la larga mesa de roble, donde los directivos observaban con recelo a Lisandro Elizalde. Algunos lo miraban con nerviosismo, otros con desconcierto. Él, de pie al frente, con la chaqueta bien abotonada y el rostro más sereno de lo que cualquiera esperaba, sostuvo sus palabras con voz firme:
—He convocado esta reunión extraordinaria para comunicar mi renuncia irrevocable a la presidencia del grupo Elizalde.
Hubo un mur