Cap. 92: Teo es mi hijo.
La cama estaba tibia, la habitación en penumbra, y afuera la ciudad murmuraba como si no pudiera dormir nunca. Bajo las cobijas, Amelia estaba acurrucada contra el pecho de Iker, con una pierna entrelazada sobre la de él y una mano descansando justo donde sentía el latido constante, firme, que poco a poco la serenaba.
Iker le acariciaba el cabello con movimientos lentos, tan suaves que parecían pensados para deshacer cada nudo que el día le había dejado encima. Ella suspiró hondo, dejándose lle