Cap. 93: El beso de despedida.
La cafetería quedaba a pocas cuadras. Se sentaron junto a la ventana. Afuera, la lluvia empezaba a marcar el cristal con gotas finas. Amelia respiró hondo antes de comenzar.
—Cuando descubrí que para Lisandro yo solo era un trofeo y que me daba anticonceptivos sin mi consentimiento… me sentí traicionada, vacía. Aquella noche él tenía listo hasta los papeles del divorcio, me echó a la calle. Y estaba sola, completamente sola.
Eulalia no dijo nada, pero no apartó la mirada.
—Entonces apareció Ike