Cap. 26: ¡Vas a arruinar mi reputación!
El ascensor se abrió directamente en el piso privado de Iker. Las luces suaves del vestíbulo encendieron su silueta cuando cruzó hacia la puerta de su apartamento, sacando la llave del bolsillo interior de su abrigo.
Pero no alcanzó a girarla.
—Cariño… ya volví.
La voz lo congeló. Era inconfundible. Dulce, modulada, demasiado ensayada.
Iker alzó la mirada y la vio.
Allí estaba ella: Natalia Rubén, la brillante neurocientífica que lo había dejado hacía poco más de un año con un escueto correo el