Cap. 245: Un amor inesperado.
CAP. 62
Teo no la soltó ni un segundo durante el trayecto a la suite. En cuanto la puerta se cerró tras ellos, el sonido del pasillo desapareció, sustituido por el ritmo errático de sus respiraciones. No hubo esperas ni palabras suaves. Teo la acorraló contra la madera, devorando su boca con una sed que parecía no tener fin. Sus manos, antes contenidas, buscaban con urgencia el contacto directo de su piel, deshaciéndose de la chaqueta y de cada prenda que se interponía entre los dos.
Vera soltó