La casa estaba en silencio; el único sonido era el tictac constante del reloj de pared. Nadine caminaba de un lado a otro en la sala, sus pasos silenciosos sobre la alfombra. Miró hacia el pasillo, a la habitación de Liam, cuya puerta estaba ligeramente entreabierta. El suave sonido de su respiración le recordaba que estaba a salvo y la ayudaba a calmar sus pensamientos acelerados.
Aun así, no podía relajarse. El rostro de Adrian seguía presente en su mente: sus ojos intensos, la forma en que l