—No pensabas que iba a dejar que se acercaran a él sin mí, ¿no? —inquiero, enfadándome. No me van a dejar aquí.
—No, Lina, y no me provocas —decreta severa y firmemente.
—No lo hago, ya te dije que no me iba a quedar sentada sin hacer nada; Además, me necesito, sin mí no van a poder hablar con él.
—No podemos ponerte en peligro, Lina —explica Ian.
—Ya estoy en peligro. ¿Acaso no se dan cuenta?
—Pero aquí estás protegido —refuta Lucas.
—¡¿Y a mi hija quién carajos la protegida?!
—No te vas a