NIKOLAI
El amanecer se filtra por las cortinas, tiñendo la habitación con un resplandor dorado. Pero mi atención no está en la luz ni en el nuevo día. Está en ella.
Aria duerme a mi lado, su respiración pausada y tranquila. Su piel desnuda brilla bajo la tenue claridad, su cabello plateado desparramado sobre la almohada. Se ve perfecta. Jodidamente hermosa.
Mi muñeca. Mía.
Me apoyo en un codo, admirándola con una leve sonrisa. No quiero despertarla… pero al mismo tiempo, quiero más.
Mis dedos