Capítulo 33.- La jugada maestra.
El amanecer apenas pintaba de gris las cortinas cuando Cyrus ya estaba vestido, impecable, con el teléfono en una mano y la otra sosteniendo un café que parecía más un ritual que un hábito. Su porte era el de siempre: control absoluto, como si el mundo entero le perteneciera incluso después de la llamada de Balmaseda.
Blair lo observaba desde el sillón, aún envuelta en la bata de la noche anterior. Había dormido poco, y lo poco que logró descansar estuvo plagado de la voz de Balmaseda repitiendo