Capítulo 25.- El estallido.
El silencio en el salón era tan denso que podía cortarse con un cuchillo. Cyrus mantenía el cañón de su pistola apuntado al pecho de Balmaseda, mientras este sonreía como un hombre que ya había ganado la partida. Blair, tras los barrotes, contenía la respiración, sintiendo que cada segundo estiraba el hilo invisible que sostenía ese duelo.
Entonces, de pronto, la calma se rompió. Balmaseda chasqueó los dedos. Desde los pasillos laterales, hombres armados emergieron como sombras, con rifles en