Capítulo 24.- Torres de cristal.
El eco de los disparos había quedado atrás, apagándose en la distancia como un mal presagio. El salón principal de la hacienda era ahora un campo de tensión absoluta, iluminado por las llamas temblorosas de los candelabros de hierro. El aire olía a pólvora y whisky derramado. Cyrus permanecía de pie, el arma aún en su mano derecha, la mirada fija en Balmaseda, que sonreía con la calma de un hombre que cree tener el control absoluto.
Blair, tras los barrotes, contenía la respiración. Podía sent