Capítulo 23.- Asalto a la hacienda.
La noche envolvía la hacienda Balmaseda en un silencio tenso, apenas roto por el croar de los sapos y el murmullo lejano de la brisa que agitaba los árboles. Pero en la penumbra, entre sombras que se arrastraban como espectros, un grupo de hombres armados avanzaba en absoluto silencio. A la cabeza iba Cyrus, vestido de negro, con el rostro endurecido por la furia contenida. Ya no era el magnate altivo que dominaba juntas directivas con una sola mirada: era un depredador en su propio terreno de