El restaurante se llamaba Arce y tenía todo lo que Eirikr necesitaba para esa conversación, discreción sin austeridad, un comedor privado en el segundo piso al que se accedía por una escalera lateral que los demás clientes no usaban, y una reputación suficientemente sólida en los círculos de la élite de Denver como para que nadie encontrara extraño que dos personas de ese mundo se reunieran ahí.
Era el tipo de lugar donde los acuerdos podían tener la apariencia de un almuerzo sin que nadie preg