Yuna caminó muy despacio hacia el cuarto de su padre, con un peso en el pecho que casi la hizo tambalear. Sus manos temblaron, y el maquillaje que aplicó con tanto cuidado para la cena comenzó a correrse por el borde de sus ojos. Sabía que esa conversación cambiaría el curso de su vida.
Al llegar, encontró a su padre sentado sobre la cama, leyendo, quien al verla, esbozó una sonrisa cálida e hizo un gesto para que se acercara. Ese simple acto paternal, que tantas veces le brindó consuelo, sólo