Antoine hablaba, pero yo parecía hundirme en un mar de dudas. Sentía tantas cosas dentro de mí, que no sabía si llorar, reír o gritar. Todo era tan confuso. ¿Cómo podía Antoine quererme y al mismo tiempo sentirse atraído por alguien más? ¿Cómo podían gustarle las niñas y los niños al mismo tiempo? ¡Era una locura!
—Creo que es mejor que me vaya —musité.
—¿Cómo? No. No te vayas. Yo…
—Necesito tiempo para procesar todo lo que me has dicho —espeté—. Me siento muy abrumada.
—Anely, por favor, no me