Las risas de Bradley y sus amigos terminaron de derrumbar las murallas que mantenían mi llanto a raya.
Dejé que mis lágrimas corrieran desbocadas por mi rostro.
La doctora siguió leyendo la carta.
—No quiero vivir en un mundo donde la gente se burla de mí, me desprecia y me mira de soslayo, creyendo que soy abominable, por culpa de este maldito acné en mi cuerpo. Aunque ellos creen que no me doy cuenta de la manera tan despectiva que me miran… ¡Si me doy cuenta! Soy fea y gorda. Antoine se dio