Minutos antes
Una lágrima silenciosa rodó por la mejilla de Sujin al oír cómo el auto de Adam se alejaba. El sonido del motor, desvaneciéndose en la distancia, fue un eco que resonó en su pecho. Se limpió la lágrima con rudeza y su mano tembló un poco antes de recuperar la compostura. No había tiempo para debilidades. Debía descubrir la verdad. Sabía que no era una simple ida a la farmacia. Las mentiras de Adam eran cada vez más torpes, cada vez más desesperadas.
Se levantó de la mesa, dejando