—Anely…
Me volteé de golpe hacia la camilla donde yacía Antoine. Mi corazón latió a toda prisa al verlo con los ojos abiertos. Caminé lo más rápido que pude hasta situarme a su lado. Sentí unas ganas inmensas de llorar.
—Lo siento mucho, Antoine —balbuceé—. Yo no lo sabía…
—Shhh… —él levantó su mano y trató de tocarme los labios para callarme, pero me percaté que ameritaba un gran esfuerzo de su parte.
—No te muevas. Debes permanecer quieto y no esforzarte. Yo… —hice un esfuerzo sobrehumano por