Adam llegó al restaurante más temprano de lo necesario; el reloj aún no marcaba las nueve, pero su ansiedad lo había impulsado a adelantarse. Era un lugar discreto, ubicado en las afueras de la ciudad, el tipo de restaurante que garantizaba privacidad a sus clientes más exclusivos. Perfecto para citas clandestinas como la suya.
Se sentó en una mesa al fondo, desde donde podía observar la entrada sin ser visto con facilidad. El camarero se acercó con un saludo cortés y, sin pensarlo dos veces, A