Desperté sobresaltada al escuchar un ruido fuerte. Miré mi entorno y me sentí desorientada. Tuve que parpadear un par de veces para aguzar mi visión. Caí en cuenta de donde estaba al ver a Cedric frente a mí.
—Deberías ir a descansar —dijo—. Yo me quedaré con él.
Negué con la cabeza y me puse de pie muy despacio. Me había quedado dormida sobre el sillón que estaba al lado de la cama donde dormía Antoine.
—¿Qué hora es? —inquirí, restregándome los ojos.
—Las dos de la madrugada.
—¿Dónde está Gab