Como si hubiese sido impulsada por un resorte, Jasiri se puso de pie y se pasó las manos por el cuerpo. Aunque estaba muy agitada, seguía en estado de shock, pues había estado a punto de sufrir una caída mortal.
Seo-jun también se incorporó, aunque con más calma, sin apartar la mirada de la mujer que tenía frente a él.
—De verdad no imagino por lo que estás pasando ni qué te llevó a esto, pero créeme, no es la salida —dijo él, con auténtica preocupación.
—¿De qué hablas? —dijo ella, confundida.