se colaba por las rendijas de una ventana abierta a lo lejos, la hizo sentir aún más vulnerable y expuesta. Cerró los ojos, intentando calmar la respiración agitada, pero fue en vano. El nudo en su garganta no desapareció, ni tampoco el peso de la angustia que se había instalado en su pecho. Una lágrima recorrió su rostro, y luego otra. No pudo evitarlo. Los sentimientos que había estado conteniendo durante tanto tiempo, los que había guardado en lo más profundo de su ser, empezaron a salir a b