꧁ ALEJANDRO꧂
Minutos después, el timbre del móvil vibró contra mi pecho: era Sergio. Respiré hondo —esa respiración que intentaba ordenar el caos en mi interior— y levanté la llamada. La voz de Sergio, siempre firme, siempre puntual, llegó como un ancla que anudaba el mundo a un punto seguro.
—Hola, Alejandro, buenos días —dijo Sergio, sin adornos, con esa mezcla de respeto y familiaridad profesional que tanto le acomodaba en la estructura de la empresa—. Te llamo para confirmar la reunión de e