꧁ ISABEL ꧂
No supe cuánto tiempo había pasado. El reloj marcaba una hora que ya no tenía sentido, y la luz que se filtraba por las cortinas me pareció un insulto. Llevaba allí toda la noche, sentada junto a la cama, sujetando la mano de mi madre con los dedos entumecidos. No había comido, no había dormido, apenas respiraba. Mi cuerpo dolía, pero era un dolor mudo, sin lugar preciso. Me aferraba a esa mano fría con la esperanza absurda de que, si la apretaba lo suficiente, el calor regresaría y