Capítulo 32 - A la mierd@ todo
La jornada había transcurrido con la pulcritud fría de siempre: presentaciones, gráficos que ascendían en barras azules y verdes, y la cadencia ritual de ejecutivos que asienten porque saben mover cifras. Alejandro estuvo en la sala de juntas como un capitán en cubierta: escuchó la exposición de su vicepresidente, cruzó observaciones puntuales, clavó una pregunta que desarmó una objeción y, cuando tocó el turno de los japoneses, cultivó la sonrisa templada que abría cajas fuertes y acuerdos. Por