꧁ ISABEL ꧂
Creí que, al cerrar la puerta del dormitorio, al apoyar la espalda contra el suave y tibio colchón, y sentir el silencio envolviéndome como una manta espesa, algo dentro de mí iba a aflojarse. Que el cuerpo, agotado por el viaje, por los días de tensión acumulada, por el parto reciente, se rendiría al descanso sin condiciones.
No ocurrió.
Me acosté con Luna a mi lado, en una cuna portátil apenas separada de la cama, lo suficientemente cerca como para extender la mano y tocarla si de