Cuando Scott entró, vio esa dinámica sin esfuerzo. El padre, sentado con una autoridad natural. El hijo, allí para observar, para conocer. Y él, en medio de todo eso, siendo consciente de que la jugada estaba decidida mucho antes de que entrara. El puesto, la oportunidad que tanto había anhelado, no se decidiría por sus méritos, por su currículum, por sus ideas innovadoras. Se decidiría por lo que el hijito de papi dijera.
Scott se sentó en la silla frente al escritorio, manteniendo una postura