꧁ ISABEL ꧂
Llegué a la finca al caer la tarde, con el coche deslizándose por la entrada flanqueada de cipreses que olían a resina y a jardín regado. Desde la carretera ya se adivinaba la casa: un cubo de piedra clara coronado por cristales que reflejaban el cielo como si no pudiera decidirse entre opacar o enseñar su riqueza. Me hicieron bajar en el porche y, al poner un pie sobre el mármol que enfriaba las suelas de mis zapatos, sentí por primera vez con claridad que aquel lugar no era un refu