Alejandro había logrado comunicarse con los padres de Valentina apenas aterrizó en Roma. Ellos se habían mudado a Italia hacía algunos años, después del accidente que lo cambió todo para ambas familias. Era imposible borrar de su memoria aquella noche fatídica.
Los Mendoza y los Castillo habían sido inseparables durante décadas, amigos cercanos, casi hermanos. Aquel verano, mientras Alejandro y Valentina seguían en su exclusivo colegio privado en Madrid, con la vida resuelta y la rutina de exám