꧁ ISABEL ꧂
Abrí los ojos y lo vi sentado al borde de mi cama. Sentí un abanico completo de sensaciones abrirse dentro de mí, como un abanico que chasqueó de golpe: ira, vergüenza, deseo. Me odié por el impulso absurdo de saltar sobre él, abrazarlo y hundir la cara en su cuello solo para robarle calor. Debí decirle que se largara, que saliera de mi cuarto, que me dejara en paz. No lo hice. Me quedé mirándolo mientras él me miraba con esa intensidad que ya había visto antes y que me había empeñad