La habitación había quedado en un silencio espeso después de la pregunta.
Isabel permanecía de pie, a un par de pasos de la cuna. Luna dormía otra vez, ajena a todo, con una mano cerrada en un puño diminuto y el pecho subiendo y bajando con una calma que contrastaba brutalmente con el torbellino que se había instalado en el ambiente.
Scott seguía frente a ella, con el cuerpo apenas girado hacia la puerta, como si aún tuviera la intención de salir… o como si necesitara una vía de escape.
—¿Desde