꧁ ISABEL ꧂
La puerta se cerró con ese clic discreto que tiene todo en esa casa. Me quedé un segundo inmóvil, con el corazón apretado por la brusquedad de su voz todavía vibrando en el aire.
La bandeja quedó en la mesita, impecable: café humeante, fruta cortada con una obsesión milimétrica, pan integral… y, al lado, un platito pequeño. Cuando lo acerqué, me encontré con dos higos rellenos de dulce de leche. Mi lengua se pegó al paladar.
—¿Qué…? —susurré, sin nadie que me oyera.
Alejandro había s