SALVATORE GIANLUCA
Los ojos de Kane se clavaron en los míos, su brutal ataque estaba a punto de caer sobre mí, pero conmigo nadie había logrado lo que quería, y mi puto hombre de confianza no sería la excepción. Al sentir la jeringa cerca de mi piel, rozando un poco antes de penetrarla, extendí mi mano con las últimas fuerzas que me quedaban y le di un golpe en la muñeca.
La jeringa salió volando, y Kane se lanzó sobre mí.
—¡¡Hijo de puta!! —gruñó con furia, sus manos rodearon mi cuello y apret