Salvatore Gianluca
Me quedé mirándola, tan pequeña, frágil y sublime, que mi corazón se derritió; ninguna mujer antes me había hecho sentir de esa manera. Mis manos comenzaron a temblar y las palabras no fluían de mi boca.
Roxanne no dejaba de mirarme como si fuera un bicho raro. No comprendía por qué tanto rencor de su parte, si al final ella había decidido irse sola, negándome la oportunidad de estar con mi hija.
Me acerqué un poco más y extendí mi mano para tocar la pequeña frente de mi hij