SALVATORE GIANLUCA
Disparaba con todas las fuerzas de mi alma, al punto de sentir las manos temblorosas por las vibraciones del arma. No lograba ver con claridad quiénes nos estaban atacando y, para colmo, mi camioneta estaba siendo hackeada. Mi hombre perdió por completo el control.
—Señor, es posible que nos estrellemos… ¡Señor! —Zane gritaba desesperado, y ninguno de nuestros hombres estaba a mi disposición. No comprendía realmente quién nos atacaba. Posiblemente era Renato… ese malnacido n