Salvatore Gianluca
Roxanne me retó con la mirada, sus ojos brillaban con un fuego que quemaba a la distancia. Su enojo era tan evidente que parecía querer aplastarme con él, pero no lo lograría, no ahora que las había encontrado.
—¡Roxanne! —grité apurado, mientras ella apenas daba un leve sobresalto.
—¡No me grites, idiota! ¿Quién te crees? —espetó con la voz entrecortada, mientras unas lágrimas se acumulaban en las comisuras de sus ojos. Su vulnerabilidad me puso nervioso, aunque no tanto co