Salvatore Gianluca
Estábamos a punto de llegar a la ciudad donde se encontraba Roxanne cuando mi teléfono sonó de nuevo. Era mi hombre. No perdí ni un segundo en responder, pero al escuchar su voz, supe de inmediato que algo andaba mal.
—Mason, estamos cerca.
—Señor… —Su voz temblaba, cargada de un nerviosismo palpable. Mason guardó silencio por un momento, y ese intervalo hizo que mi corazón se acelerara.
—¿Qué pasa, Mason?
—Señor, acaba de ocurrir una tragedia en la casa de la señorita Meyers.