Tomé la mano de Violetta y deposité un beso en el dorso, sintiendo la suavidad de su piel. A pesar de lo llamativa que era aquella mujer, su tacto no se comparaba en lo más mínimo con el de Roxanne. Un nudo amargo se formó en mi garganta, como si mi piel se volviera frágil, casi de cristal. Extrañar nunca había sido algo común en mí, pero ahora Roxanne había logrado despertar en mi interior un cúmulo de sentimientos que ni siquiera creía posibles.
—Gracias por tus deseos, Violetta. ¿Te gustaría